
Una crema espesa de habas, unas galletti y unos cuatrocientos años sacando muchísimo de muy poco.
La bigilla es lo que pasa cuando una isla pequeña decide que las habas secas van a estar deliciosas y, a base de esfuerzo, lo convierte en realidad.
Ful tal-ġirba, puestas en remojo y cocidas despacio, machacadas hasta quedar espesas con ajo, perejil, aceite de oliva y un poco de guindilla. Se come con galletti, esas galletas de agua redondas y duras que existen sobre todo para llevarla a la boca.
Comida campesina, en el sentido honesto
Cuesta casi nada prepararla y es una de las cosas más claramente maltesas de cualquier mesa. No es casualidad. Los platos que sobreviven en esta isla son los que alimentaron a la gente durante veranos sin nevera y siglos sin dinero.
Sigue apareciendo en todas las reuniones, en el centro, desapareciendo más rápido que cualquier cosa más cara que tenga al lado.
Pon bigilla en una mesa de doce y mira qué se acaba primero.
Foto: Silvana.Bugeja / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
La bigilla es lo que pasa cuando una isla pequeña decide que las habas secas van a estar deliciosas y, a base de esfuerzo, lo convierte en realidad.
Ful tal-ġirba, puestas en remojo y cocidas despacio, machacadas hasta quedar espesas con ajo, perejil, aceite de oliva y un poco de guindilla. Se come con galletti, esas galletas de agua redondas y duras que existen sobre todo para llevarla a la boca.
Comida campesina, en el sentido honesto
Cuesta casi nada prepararla y es una de las cosas más claramente maltesas de cualquier mesa. No es casualidad. Los platos que sobreviven en esta isla son los que alimentaron a la gente durante veranos sin nevera y siglos sin dinero.
Sigue apareciendo en todas las reuniones, en el centro, desapareciendo más rápido que cualquier cosa más cara que tenga al lado.
Pon bigilla en una mesa de doce y mira qué se acaba primero.
Foto: Silvana.Bugeja / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0
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